La perfección, ¿virtud o defecto?

“No tengas miedo a la perfección, nunca la alcanzarás” Salvador Dalí.

La palabra perfeccionismo es un término muy común en nuestro vocabulario. La usamos para describir a la persona que pocas veces está totalmente satisfecha con el resultado final de lo que hace. Es una persona muy cuidadosa a la hora de realizar cualquier tipo de tarea y analiza hasta el final todos los detalles.

Antes de comenzar, me gustaría destacar que el concepto de perfección es subjetivo y depende de cada individuo. Esto es: lo que para mí resulta brillante, es posible que para que otra persona no lo sea tanto. Y ambas opciones pueden ser válidas. No olvides que no es la situación. Es cómo interpretas la situación.

¿Es bueno ser perfeccionista?

Cuando escuchas la palabra perfección, ¿a qué te recuerda?, ¿cuál es el primer pensamiento que te viene a la cabeza?

Podríamos asociar esta palabra al éxito, ¿verdad?

La realidad es que el exceso de perfeccionismo te lleva a una serie de consecuencias negativas que resultan muy perjudiciales para ti. Acabas viviendo en constante tensión, desarrollas altos niveles de angustia, no disfrutas de los logros que vas consiguiendo y, al final del camino, llegas a tener un sentimiento de fracaso o vacío aunque estés haciendo las cosas bien.

Diferencia entre querer hacer bien las cosas y tener que hacerlas perfectas:

Existe una gran diferencia entre querer hacer las cosas lo mejor posible, lo mejor que sabes, así como mejorarlas cuando se puede, y tener la obligación de hacerlo todo a la perfección, sin margen de error. La clave es no sentir angustia o estrés por pensar que todo tiene que salir perfecto.

“La gente perfecta no es real y la gente real no es perfecta. Disfruta de tu maravillosa imperfección.” Porque si no, entras en un círculo vicioso en el que te sientes poco valioso, nada importante e incluso, poco inteligente.

Perfección

¿Qué es el perfeccionismo?

¿Has visto la película El cisne negro? La actriz Natalie Portman, en una de sus escenas interpretando ese cisne negro dice…“La única persona que se interpone en tu camino eres tú misma”. Ella lo tenía claro. El camino es encontrar tu propia manera de hacer bien las cosas, sin obsesionarse y sintiendo satisfacción por tus acciones en el día a día.

La noción de perfección implica la búsqueda de ideales con un cierto grado utópico. Debes ponerte como objetivo manejar esta percepción de manera sana. Desarrolla la habilidad de identificar y determinar cuándo algo está suficientemente bien o correcto.

Los 3 síntomas para definir perfeccionismo:

  1. La obsesión día y noche por conservar unos estándares altos y, en ocasiones, inalcanzables en todo lo que haces (muchas veces, estos parámetros son poco razonables para el resto de las personas). Permítete equivocarte y enriquecerte de tus propios errores.
  2. ¿Haces depender tu valor personal de manera única y exclusivamente de tu habilidad para conseguir alcanzar esos objetivos? Si te valoras poco por no alcanzar lo que te has propuesto, acabarás por no gustarte y entrarás en una dinámica de frustración constante. Recuerda que tú eres mucho más que tus éxitos. Lo que realmente te define no es ganar o perder, sino tu actitud, tus valores y principios. 
  3. No es sano estar inmerso en un bucle de insistir y sufrir por cosas que no están saliendo a la perfección. Cuando experimentas las consecuencias negativas, lo aconsejable es que no te ciegues en este hecho concreto,  ya que así lo que consigues es desarrollar efectos perjudiciales para ti mismo. Toma el fallo como una fuente de aprendizaje para el futuro e intenta desdramatizar. Nadie encuentra su camino sin haberse perdido varias veces. 

Es normal que desees hacer las cosas lo mejor posible. ¿A quién no le gusta sentir que todo lo que hace lo hace bien?  En el trabajo, en casa, con tus amigos. Saber que a tu alrededor la gente te elogia por tus actos y tu buen hacer es maravilloso. También lo es ser un punto de apoyo para tu entorno, el que forma parte de tu vida.

El problema aparece cuando no te basta con la intención de hacer y poder dar lo mejor de ti mismo. Si se convierte en una obsesión, comienzas a entrar en una dinámica de fracaso continuo ya que, a pesar de tus esfuerzos, nunca te parece bastante. Y el fracaso no tiene cabida en la vida de la gente que busca de forma incansable la perfección.

¿Consecuencias?

La frustración que experimentas al no conseguir lo que te propones o con la mínima cosa que no te sale como esperabas. Podría decirse que “los errores” que cometes se magnifican de tal forma que se transforman en una pesadilla. Una pesadilla que puede alcanzar el punto más catastrófico, que es dejar de perseguir tus sueños y proyectos por el hecho de no verte capaz de alcanzarlos.

Tipos de perfeccionismo:

Si eres perfeccionista puedes desarrollar dos tipos de estilos: por un lado tenemos el perfeccionismo adaptativo que posee objetivos y estándares altos pero, son realistas. Por otro lado se encuentra el perfeccionismo desadaptativo, que se caracteriza por tratarse de estándares irracionales e inalcanzables.

  • Perfeccionismo adaptativo: Es aquella persona que posee un tremendo afán de superación, muy ordenada con su día a día y sus asuntos personales, y con un estilo de vida muy organizado. Es decir, establece una vida muy programada pero siempre dentro del marco realista.
  • Perfeccionismo desadaptativo: Estándares muy elevados y prácticamente inalcanzables. Desarrollas una preocupación por todo de forma excesiva y salen problemas de donde no los hay. No hay margen para el error y existe una enorme discrepancia entre el resultado obtenido y las exigencias que te has impuesto de forma personal. Otra característica es que compartes tu disgusto con otras personas de forma permanente, aumentando así tu frustración.

El perfeccionismo, cuando se convierte en una obsesión, puede desembocar en una personalidad obsesiva o también en un trastorno obsesivo compulsivo.

Nuestro gabinete de Psicología Evolma, recomienda que, si tienes síntomas de obsesión diarios por alcanzar la perfección, trabajes el área de la tolerancia a la frustración. Es la clave para construir en ti una motivación positiva y constructiva que te ayude a gestionar de forma adaptativa aquellas cosas que no te salen como deseas. Es la base de la fuerza de voluntad, que favorece el hecho de no sufrir ansiedad por todo lo que no te sale como esperas.

Ten muy presente en todo lo que hagas que el esfuerzo y tiempo invertido termina por tener sus frutos. Puede que no sea de manera inmediata, pero a a la larga estoy convencida de que existe una recompensa. Muchas veces, lo que al principio parece un error termina por convertirse en un acierto. Y es que las personas evolucionamos y cambiamos de etapa continuamente.

Afronta el trabajo que realizas aceptando y valorando el resultado y sin exigirte en exceso. Esto te ayudará a desarrollar tu autoestima de forma estable y será el aliento que necesitas para seguir esforzándote, mejorando y avanzando.

La perfección como tal no existe, ya que se trata de una interpretación subjetiva de la realidad. ¡Y menos mal! Sería monótona y aburrida. Gracias a los errores pruebas nuevos enfoques que te permiten caminar con paso firme y seguro. Todo ello, favorece tu crecimiento personal y emocional y es tu motor para tu propia evolución.

¡Pierde el miedo a equivocarte y vive nuevas aventuras! Te aseguro que cierto grado de imperfección también puede hacerte muy feliz.

“Por que tus aciertos te dirán donde estás y tus fallos hacia donde ir”Beret.